atardecer en el lago Saima

La mitología nórdica finesa

La mitología finesa posee muchas características comunes con los estonios y muchos de los mitos vienen de los samis, los auténticos fineses que mantienen la tradición en poemas cantados, y gracias al folclore.

El dios padre Ukko (“anciano” en finés), era originalmente sólo un espíritu de la Naturaleza. El animal más sagrado, cuyo nombre real no era nunca pronunciado en voz alta, era el oso ya que era visto como la encarnación de los antepasados.

Es espectacular su visión de cómo se formó el mundo. Mirad: Se creía que el mundo había sido formado a partir de la explosión de un huevo de Aythya,  y pensaban que el cielo era la cubierta superior del huevo que alternativamente era visto como una carpa soportada por una columna en el Polo Norte, por debajo de la Estrella del Norte. El movimiento de las estrellas era explicado como causado por la rotación de la bóveda celeste sobre la Estrella del Norte y sobre sí misma. Este movimiento había causado un gran remolino y por medio de éste las almas podían ir a la parte exterior del mundo a la tierra de los muertos, la tounela.

Creían que la tierra era plana y que en los bordes de la Tierra estaba Luntukoto (el hogar de los pájaros), una región cálida en donde habitaban los pájaros durante el invierno. La vía láctea era llamada Linnunrata (la ruta de los pájaros), porque se creía que los pájaros viajaban a lo largo de ella hacia Lintutoko y de vuelta.

Los pájaros poseían también otro significado, llevaban su alma a los humanos en el momento del nacimiento, y se la llevaban en el momento de la muerte. De hecho, solían tener figuras de pájaros talladas en madera porque protegían al alma de perderse en los caminos de los sueños.

Muchas palabras del idioma finés vienen derivadas de los dioses, como por ejemplo Ukko: Era el dios del cielo, el tiempo meteorológico y los cultivos, y de él derivan palabras como ukkonen (trueno, literalmente “de Ukko”) o “ukonilma” (tiempo de Ukko).

En esta mitología existen muchos chamanes, muchos héroes y muchas diosas. Es impresionante como las mujeres dominan las grandes virtudes del mundo como son la naturaleza, el día y la noche, y la muerte. Son figuras femeninas como Päivätär, diosa del día (Päiva es “día” en finés), Luonnotar, espíritu de la naturaleza, Kuu, diosa de la Luna (también es luna en finés). Sinceramente tengo que decir que estas diosas tenían dioses a su lado, no las dejaban reinar solas salvo a la diosa de la muerte y a las de las nueve enfermedades.

¡Esas si que eran mujeres de armas tomar!

Päivätär, Luonnotar y Kuu

Päivätär, Luonnotar y Kuu

Hoy os muestro el primer fragmento de Kalevala, el poema nacional de Finlandia:

“Luonnotar, virgen e hija del aire, se lanzó al mar y allí quedó henchida por el viento durante siete siglos nadando sin cesar por todos los mares, hasta que pidió a Ukko, Dios supremo, que la ayudase a parir tras aquel interminable embarazo del aire.

Un pájaro, una magnífica águila del cielo, vino a posarse sobre sus piernas y en ellas puso su nido de seis huevos de oro y otro más de hierro, empollándolos durante tres días hasta que Luonnotar sintió el calor abrasador de los siete huevos y vendió sus piernas en el agua, para refrescarlas; entonces los huevos cayeron al mar y de ellos brotó la Tierra, con su cielo, su Luna y su Sol, pero la virgen seguiría en el agua, durante otros diez años más, hasta que Luonnotar decidió crear vida en esa Tierra y dar forma a los continentes y a las islas.

Pero todavía esperó otros treinta años más, hasta que por fin parió al ya viejo y gigantesco Väinaämöinen, quien cayó al mar y en él siguió, como su madre, nadando, hasta que después de ocho años, tocó la tierra firme y pudo contemplar ensimismado aquella primera isla, aquel mundo maravilloso que su madre había creado y que ahora le rodeaba con todo su esplendor.

Solo estaba Väinämöinen, hasta que el dios Sampsa vino a enseñarle como cultivar el suelo con sus semillas, aunque a Väinämöinen no le pareció demasiado perfecto lo que creció en su isla. Así que cuatro vírgenes salidas del mar cortaron la hierba y quemáronla hasta que de la verde vegetación sólo quedó ceniza. Y una encina comenzó a crecer, imbatible, apoderándose de la tierra y del aire. Así que Väinämöinen pidió a su madre que le ayudara a tumbar aquel árbol, y apareció un diminuto ser que luego creció y creció también, como la encina.

Con una hoja de hierba formó un hacha y con ella derribó de tres golpes la encina. Había probado cual era la fuerza y el poder de la magia; había dejado también espacio para que la vegetación recibiera la luz del sol y todas las plantas medrasen.Väinämöinen se hizo él mismo un hacha y tumbó todos los árboles que habían crecido, todos menos el abedul, sobre el cual se posaron los pájaros del cielo.”

Deseo que penséis mucho.

.M.

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