Finlandia

El cuento del punto final

Teníamos un punto final. El punto final. Es de esas cosas que te dan desde un principio, sabes que nunca lo vas a usar y lo guardas tan bien guardado que ni te acuerdas de donde está. Como el segundo juego de llaves cuando compras un coche, o como un usb que te dan de regalo y crees que nunca vas a usar.

El punto y final lo tenía tan bien guardado porque sabía que no iba a tener que usarlo. Tenía todo lo que quería y funcionaba bien, ¿por qué lo iba a necesitar? Creo que no lo tiré de pura casualidad. O igual si… no me acuerdo. Éramos tan felices, que incluso mencionar la existencia de ese punto final era como, yo que sé, pensar que la casa puede tener goteras cuando la estás comprando, o como cuando piensas que te vas a mojar cuando estás saltando un charco.

punto final

Punto final

Los días eran tan felices. Con sus cosas malas que hacían las buenas más buenas. Todo eran sorpresas, bombones, cenas fuera y noches cortas. Igual en uno de esos momentos guardé el punto debajo de nuestro colchón, o lo perdí en una mudanza, o igual dentro de un bolsillo de ese abrigo de invierno que cuando subió al trastero no volvió a bajar.

Mi punto se debió de perder en esos paseos entre balcones de los años 70, entradas de metro vacías o meriendas en los jardines de la capital. Entre canciones que entendíamos lo que los demás ni llegaban a escuchar, entre la felicidad.

Cuando esa felicidad se acabó y asomó la desilusión, la decepción y los rencores me volví a acordar de él, y de mi mala costumbre de guardar tan bien las cosas que luego no encuentro. Me preguntaban que a qué esperaba para usarlo, para poner fin a toda la suciedad que estaba enturbiando los mejores años de mi vida. Yo desesperaba. Lo busqué en sitios que sabía que era imposible que estuviera, pero por si acaso. ¡Hasta dónde llega la desesperación! Hasta jugué al juego de “espero que uses el tuyo primero” pero debiste de perderlo también. A fin de cuentas, una persona es feliz con otra cuando la otra también es feliz. Debe de ser la felicidad, que hace que perdamos las cosas…

Es una pena que por culpa de no usar el punto final a tiempo, los buenos recuerdos se van borrando. Es como cuando llenas una bañera de agua y no pones bien el tapón. Poco a poco los recuerdos se llenan de odio, de malestar, de incomodidad, de pensamientos de “cómo pude quererme tan poco” o “por qué no usé el punto final en el primer momento”.

Este punto nos encadena, nos une. Qué paradojas tiene la vida, hablando de puntos finales y de uniones. Ese punto debe de ser ahora de grande como un mundo, con el paso del tiempo, creo, será más fácil encontrarlo y ponerlo en su sitio. Como dice Cristina, será un sucio y polvoriento punto final, a destiempo.

.M.

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4 comentarios en “El cuento del punto final

  1. lucia f. dijo:

    No hay puntos finales, solo: ” y punto” (y mucho mejor con el dedo favorito levantado).
    Hay punto y aparte. Se acaba una historia, una etapa, un trabajo, un viaje … y a otra cosa mariposa.
    Los puntos y aparte son geniales porque te dejan seguir existiendo y sintiendo como una primera vez pero con más sabiduria y con más entusiasmo porque en cada nuevo punto y aparte comienza la aventura !!

    • unpocoden dijo:

      Qué palabras más bonitas L, me gusta lo que dices 😉 para saber todo lo que tú sabes hay que vivirlo! Y vivir pues duele. A partir de ahora saldrán a la luz algunos textos que llevan escritos hace tiempo, y no quería publicar… Hasta ahora. ¡Bien! ¿Qué haces una vez que sabes las respuestas y te cambian las preguntas?

      • lucia f. dijo:

        Si te cambian las preguntas ya no te sirven las mismas respuestas !!
        Todo ha cambiado después de ese interrogante. Tu ya no eres la misma y tampoco ese instante. La respuesta que te ayudó ayer ya no te vale para hoy si la pregunta es diferente. Y si respondes siempre igual tendrás que aprender a mirar pa’lante, adaptarte, evolucionar…. Y vivir !!

  2. Rocío LV dijo:

    ¿Que qué haces? Mejorar, aprender y crecer :-). Me encantó el relato, por cierto… ¡cuántas veces nos habremos sentido así cada uno de nosotros! Es fácil identificarse. Te seguiré la pista de cerca, no lo dudes ;-). Un besote!!

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