Cuento I

¡Buenos días!

Ahora mismo y hasta nuevo aviso todo el tema Erasmus estará parado, hasta julio que tengamos que firmar los papeles definitivos, con los derechos y obligaciones del estudiante Erasmus y todo eso.

En la Universidad (www.ucm.es) hemos conseguido que los estudiantes que no podemos hacer los exámenes de Septiembre, nos adelanten los exámenes a Julio. Y nos han dado 5 días de plazo a final de mes para entregar documentos: examenes a los que te quieres presentar, el billete de avión y una carta de la univerdad de destino que acredite que empiezas antes el curso. ¡Tantas voces han servido para algo!

Mientras tanto he querido compartir con vosotros un cuento. Lo iré subiendo en varias partes ya que es un poco largo. ¡Espero que os guste!

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Brújula pirata

Un buen día una pirata de mar abierto, de esas que no salen del barco nada más que para comprar chuches en las tiendas de los puertos, perdió el rumbo. Bueno, más bien, perdió el Norte.

No había brújula en el mundo que le supiera marcar la dirección correcta, la dirección que tenía que seguir para llegar a su ansiado destino.  

En un momento de desesperación probó en bajar del barco y asentarse en tierra firme, por aquello de probar aires nuevos y “renovarse”. Fue tal su mareo y desesperación por volver a donde tenía su vida entera, que no disfrutó de los momentos agradables que pudieron ser y al final, no fueron.

Sabía que no podía vivir anclada en el pasado ni en una realidad que por mucho que la pensara, no iba a ser perfecta; y que tenía que disfrutar de su estancia en tierra: Comidas en las tabernas (de  menú del día, claro), apuestas a chupitos de ron, pulsos con los hombres más fuertes… Pero algo dentro de ella le decía que ése no era su sitio, que no podía seguir así por mucho tiempo, y que ese sitio lo único que hacía era apagar su esencia, su bravura y su rebeldía de pirata de mar abierto. Sabía a ciencia cierta que algo mejor le esperaba. No sabía si mar adentro o pisando suelo firme, y que solo tenía que esperar.

Llegó el día en que decidió coger su baúl, sus enaguas, y su gorro de pirata y deshacer el camino andado. En realidad, la filosofía de “este no es mi sitio, yo me voy de aquí” siempre se le dio muy bien. Algunos dicen que hacía como las avestruces, metiendo la cabeza dentro de la tierra para hacerse la invisible; otros dicen que se estaba marchitando y que, aunque le echasen de menos, estaría mejor en cualquier otro lugar en el que sonriera sin causa alguna.

No se sabe muy bien por qué razón, semanas más tarde aún la vieron por el lugar… Continuará.

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5 comentarios en “Cuento I

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